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“Intentan traducir un aliento sin idioma original.” Así dice uno de los versos del poema La madrugada nos humedece como si fuésemos de lana y seda, incluido en el libro El cuerpo del libro quemado, que leyó con nosotros el poeta y pintor J.M. Antolín el pasado viernes 15 de Febrero (audio). En efecto, sus poemas tienden a hablar dos lenguas que forman parte de la misma raíz, pero con expresiones y vivencias diferentes: la lengua de la palabra y la lengua del mundo. Ambas se entrelazan y se hacen necesarias la una a la otra en el ser humano, lo conforman, y él, debido a su posición siempre parcial frente a las cosas, imprime a las dos lenguas su imagen y semejanza. Esta relación triple, a través de la cual se constituyen hombre, palabra y mundo como tales, necesita de una traducción continua. Del forcejeo que se da en esta traducción surge el poema, no como un resto, sino como la constante interrogación de aquello que lo ha originado.

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Durante una hora y media la conversación entre Antolín, Carlos y Charo (revista de teatro Artez) fluyó pausadamente entremezclada con la voz de los poemas (que en breve podrán escucharse en este blog). Pero si la poesía, normalmente, nos susurra hacia dentro, en momentos de soledad íntima, el recital no fue la presentación de un poemario sino una lectura compartida, casi un corro de personas en torno al fuego mítico, una agradable charla entre vasos de vino y amigos. Allí estuvieron con nosotros más de setenta personas.

A todos ellos, pues a un público que con tanta devoción y tanto cariño se entrega a la escucha sólo se le puede llamar amigo, a ellos, el colectivo Rémora les da las gracias y a ellos, y al excelente poeta, les debemos el haber estado un rato en ese oasis de eternidad que son los buenos momentos. Esperamos que vosotros también lo disfrutarais.

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Fotos por cortesía de Carlos Blanco (http://www.carlosasi.com/)

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