Lectura de cuentos de David Argüelles
28 Abril 2008
Para todas las voces hay un oído que las transmite, o lo que es lo mismo, todas la rémoras tienen su pez anfitrión. Por eso, el miércoles 30 de Abril tenemos el placer de presentaros al escritor David Argüelles, en la Librería La Leona (Juan Mambrilla, 19) que a partir de las 20:30 horas nos hará disfrutar con Guijarros, una colección inédita de micro relatos que aún está fresquita y coleando. Como siempre, la charla entre amigos y un ambiente agradable serán el fondo de estos mares que estamos por surcar.
Guijarros es, sobre todo, una colección de imágenes, de recuerdos inventados y reales en torno a los personajes de un lugar, cuya existencia va siendo tejida por la voz del narrador y protagonista. Tales personajes no son únicamente las personas que habitan esas imágenes sino también los objetos y los espacios, que adquieren plena figura en el suceder de los micro relatos, en el entretejimiento con los otros personajes y con la voz del narrador. Esta voz, por otra parte, no se muestra inquebrantable ni única, sino que, como un coro conformado por distintos tonos, va desplegando matices, timbres y ritmos distintos, apreciables nítidamente en el conjunto.
Y si narrar es entretejer, Guijarros nos devuelve a un tiempo anterior en el que historia, narrador, personaje y autor se entrelazan en lo ficticio como tapiz esencial de lo real, al estilo casi de los cuentos míticos, pero de una manera fragmentaria. Por eso, quien da sentido y unidad a lo narrado no es la voz de su autor sino el oído de quien escucha, que se sentirá, a su vez, nuevo autor del relato. Y como prueba esto:
En mi pueblo, de noche, todo eran penumbras. Sólo había unas pocas luces que lamían a duras penas algún trozo de acera. Pero en verano, los niños nos quedábamos hasta tarde jugando bajo el cielo.
Frente a la casa del cura, a más de dos metros de alto, se erguía orgulloso el interruptor al que nosotros no llegábamos ni subiéndonos al ladrillo que sobresalía en la pared. Al atardecer, cualquiera de los mayores podía obrar el milagro, pero los días en que nadie se acordaba, un visitante extraño hubiese podido vernos acurrucados junto a la pila del lavadero vigilar a las sombras en silencio.
[Las sombras]
Os esperamos.
