La librería La Leona, en la calle Juan Mambrilla (Valladolid), fue el lugar en el que, una vez más, peces de todos los colores nos congregamos en torno a la literatura. David Argüelles leía sus cuentos. Guijarros no es solo el título de esta colección de relatos sino la misma imagen de su proceso creativo: piedras anónimas, amontonadas, con aparente similitud que únicamente adquieren pleno cuerpo, total definición en la visión del conjunto. Ahí comenzamos a percibir, entonces, lo que de singular tiene cada uno de ellos. Para alcanzar esa visión nos ayudó el autor con su charla amena, acompañada de una estupenda sangría que preparó el Colectivo Rémora y de todos los asistentes que prestaron sus oídos a la voz del escritor, pues en este océano nunca se nada solo.

Para la ocasión, José Chávez, al que ya conocéis por sus dibujos, diseñó una plaquette con ilustraciones suyas, que es el proyecto para un libro futuro en el que se incluyen el resto de guijarros y para el que aún estamos buscando ayuda. Con esto inauguramos la serie de Cuadernos de Rémora (que podéis ver pinchando aquí o en el lateral), con la que pretendemos presentaros nuevos autores. También tenéis ya a vuestra disposición el audio de sus cuentos y las fotos del acto.

 

Gracias a todos por haber estado ahí. Gracias a Sebas por prestarnos su maravillosa librería y a David por habernos deleitado.

Una simbiosis perfecta

10 Abril 2008

 

Antes de que la resaca nos lleve hacia otros espacios donde volver a encontrarnos con otros peces que quieren salir a la superficie queremos rememorar esa simbiosis entre espacio, música y rémora que el pasado sábado, 5 de abril, tuvo lugar con una nueva acción del colectivo. Esta vez pretendimos buscar un entorno que por sus condiciones pudiese ser transformado, a través de pequeños detalles, y que, además, estuviese en un rincón cercano pero, a la vez, lejano de nuestra rutina: el restaurante Los Álamos en la playa de las moreras fue el escenario elegido.

 

Cambiar un espacio durante unas horas teniendo en cuenta la luz fue lo que nos llevó a diseñar unas lámparas, rectangulares como el bar, que realzasen su ambiente combinando las caras de éstas, alternando superficies verdes, para fusionar el espacio natural del exterior, y blancas, para dejar entrever la transparencia de los ventanales que rodean el edificio. Nos encontramos con una acción que se acerca a una de las ideas fundamentales de nuestro colectivo: un cambio temporal, que puede abarcar unas horas, unos días, de una forma o de un momento determinado, y que adquiere, según aflora, una estética contemporánea que reinterpreta el pasado. A ello también contribuyeron las proyecciones que Stephan & Nate (Berlín), junto con Teodorakis (Bilbao), prepararon para esta noche.

 

La música acompañó todo este viaje que comenzó hacia las 9 de la tarde y, a medida que la luna iba ganando terreno, las rémoras se acercaron hasta aquí para disfrutar de la música de Stromboli. El grupo nos deleitó con buena música a la vez que nos desveló algunas de las nuevas piezas que estarán incluidas en la maqueta que pronto estará a la venta.

Tras una pequeña pausa, entraron a los platos El Meister Dj y 8Beatz, los cuales hicieron un mano a mano inesperado que terminó convirtiéndose en duelo musical, consiguiendo que todos los que allí estábamos no pudiésemos dejar de bailar.

La fiesta se alargó más de lo permitido y hacia las 2:30 cuando la fiesta alcanzaba su punto más caliente el corte de la luz puso punto final a este encuentro y el río de nuevo siguió su curso y las rémoras se alejaron de Los Álamos.

 

Gracias a todos por haber venido y haberos entregado tan apasionadamente. Gracias especialmente a Raza Records por su apoyo técnico.

 

Las fotos son de Martin Meyerhoff, Vincent Gatzsch y Julia Stockmeyer.

 

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El poeta Joseph Brodsky escribió que la musa siempre es un ser femenino, pues es la lengua que uno mismo habla, descubre, por la que es encantado y a la que persigue sin llegar a atrapar jamás. Prueba de ello es el hecho de que en la mayoría de los idiomas europeos la palabra lengua es femenina. Él se refiere a los poetas, pero en realidad podría aplicarse a los artistas en general. Tal vez, por eso, la serie de dibujos titulada La cama, que José Manuel Chávez presentó el viernes en la galería Mostaza, sea una variación de formas en torno a la cama vacía, el lecho abandonado por la amada o por uno mismo y por sus sueños, que busca incesantemente una figura, es decir, definir el contorno de esa ausencia para intentar atrapar lo pasajero, el momento, la sensación, como si esas líneas, bucles, ondas y valles fueran la huella de esa musa y nos revelaran algo. Pero lo que revelan no es sobre ella, sino sobre los propios trazos. Al ser forma abstraída de la figura, los dibujos hablan, más bien, del mismo proceso de surgimiento, de cómo ese instante, en el que yo y sensación comienzan a separarse en sujeto y objeto, se plasma en la superficie blanca del papel, similar al niño que comienza a distinguir entre él y el resto del mundo a través del aprendizaje por el tacto y la concepción espacial que éste conlleva. De hecho, estos dibujos tienen mucho de táctiles en aquéllos, por ejemplo, en los que se recurre al collage de papeles rugosos, afiligranados, semitransparentes, creando diversas texturas que acompañan a las ya surgidas de las formas del dibujo, así como por el montaje de éstos sobre tablillas, lo cual invita a tocar. Efectivamente, es necesario tocar en una región por la que vamos a ciegas, pues ese instante del que hablamos es el momento fundamental de nuestro estar en el mundo, a pesar de que sea uno de los menos conocidos. Aquí radica la importancia esencial de La cama.

En cuanto a los retratos, con una línea más sobria y una tendencia más académica, presentan una pequeña anécdota (amigos, alguien escribiendo, una playmate, objetos cotidianos) que les da narratividad, a lo que contribuye un trazo claro de rotulador negro y el collage sencillo con papeles de colores. Esta narratividad es la que nos da continuidad en el lugar y las circunstancias que habitamos.

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La performance de Paula Gelpi que acompañó la fiesta de inauguración consistió en una danza improvisada en torno a la Latinamerican Suite de Duke Ellington. Con ella los dibujos tomaron cuerpo y movimiento y el gesto efímero se hizo espacio, rodeado por un público entusiasmado. Después, la música, el vino y una exquisita macedonia rémora nos acompañaron durante un largo rato entre dibujos y una agradable conversación que parecía fluir de un grupo a otro, en un ambiente animado y tranquilo, un tanto remolón, como nos gusta a nosotros.

Gracias a todos los que estuvisteis, a todos los amigos que, una vez más, habéis apoyado con vuestra asistencia e interés este acto.

Las fotos son de José Miguel Polo.

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“Intentan traducir un aliento sin idioma original.” Así dice uno de los versos del poema La madrugada nos humedece como si fuésemos de lana y seda, incluido en el libro El cuerpo del libro quemado, que leyó con nosotros el poeta y pintor J.M. Antolín el pasado viernes 15 de Febrero (audio). En efecto, sus poemas tienden a hablar dos lenguas que forman parte de la misma raíz, pero con expresiones y vivencias diferentes: la lengua de la palabra y la lengua del mundo. Ambas se entrelazan y se hacen necesarias la una a la otra en el ser humano, lo conforman, y él, debido a su posición siempre parcial frente a las cosas, imprime a las dos lenguas su imagen y semejanza. Esta relación triple, a través de la cual se constituyen hombre, palabra y mundo como tales, necesita de una traducción continua. Del forcejeo que se da en esta traducción surge el poema, no como un resto, sino como la constante interrogación de aquello que lo ha originado.

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Durante una hora y media la conversación entre Antolín, Carlos y Charo (revista de teatro Artez) fluyó pausadamente entremezclada con la voz de los poemas (que en breve podrán escucharse en este blog). Pero si la poesía, normalmente, nos susurra hacia dentro, en momentos de soledad íntima, el recital no fue la presentación de un poemario sino una lectura compartida, casi un corro de personas en torno al fuego mítico, una agradable charla entre vasos de vino y amigos. Allí estuvieron con nosotros más de setenta personas.

A todos ellos, pues a un público que con tanta devoción y tanto cariño se entrega a la escucha sólo se le puede llamar amigo, a ellos, el colectivo Rémora les da las gracias y a ellos, y al excelente poeta, les debemos el haber estado un rato en ese oasis de eternidad que son los buenos momentos. Esperamos que vosotros también lo disfrutarais.

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Fotos por cortesía de Carlos Blanco (http://www.carlosasi.com/)